UNFPAEL ESTADO DE LA POBLACIÓN MUNDIAL 2003
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HOME: EL ESTADO DE LA POBLACIÓN MUNDIAL 2003: promoción de comportamientos más saludables
State of World Population
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panorama general de la vida de los adolescentes
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promoción de comportamientos más saludables

Dónde obtienen información los adolescentes
Educación en las escuelas sobre sexualidad
Educación y asesoramiento de jóvenes por otros jóvenes
Llegar a los jóvenes que no asisten a la escuela
Medios de difusión de masas, entretenimiento y deportes

Dónde obtienen información los adolescentes

Las información y la educación sobre salud sexual y reproductiva tienen importancia crítica para el desarrollo y el bienestar de los adolescentes. Es imprescindible promover cambios en los comportamientos para reducir la cantidad de embarazos en la adolescencia y frenar la pandemia del VIH/SIDA.

En la CIPD, los países convinieron en que “… deberían facilitarse a los adolescentes información y servicios que les ayudarán a comprender su sexualidad y a protegerse contra los embarazos no deseados, las enfermedades de transmisión sexual y el riesgo subsiguiente de infecundidad. Ello debería combinarse con la educación de los hombres jóvenes para que respeten la libre determinación de las mujeres y compartan con ellas la responsabilidad en lo tocante a la sexualidad y la procreación”(1).

Los programas que proporcionan información sobre la sexualidad también dedican cada vez mayor atención a proporcionar a los adolescentes los conocimientos prácticos que necesitan para efectuar la transición hacia la adultez; y satisfacer sus necesidades de salud cuando sean adultos. Aumentar los conocimientos de los jóvenes es más fácil que ayudarlos a adquirir nuevas aptitudes. La programación también consume más tiempo y es más costosa, dado que los propios maestros y líderes de la juventud deben ellos mismos adquirir en primer término las aptitudes, y aprender cómo impartirlas eficazmente. Pero si se aspira a que los jóvenes comuniquen sus necesidades, acudan en procura de la atención que necesitan y efectúen razonables opciones, estas inversiones revisten importancia crítica.

Si bien todos los jóvenes necesitan información y aptitudes para abstenerse o mantenerse libres de las consecuencias de relaciones sexuales sin protección y disfrutar de estilos de vida saludables y positivos, es necesario que los programas presten especial atención a los que son más vulnerables y están en situación de mayor riesgo.

COMUNICACIÓN PARA EL CAMBIO EN LOS COMPORTAMIENTOS Los diversos enfoques encaminados a mejorar los conocimientos, las aptitudes y las actitudes suelen denominarse ahora “comunicación para el cambio de los comportamientos” (BCC). Los temas al respecto abarcan: biología de la reproducción, desarrollo humano, relaciones y sentimientos, sexualidad, comunicación y negociación, cuestiones de género, prácticas sexuales de menor riesgo (inclusive abstinencia, aplazamiento de la primera relación sexual y limitación del número de parejas), y métodos de protección contra el embarazo y las infecciones de transmisión sexual, inclusive el VIH.

Los métodos para transmitir la información abarcan la educación escolar y extraescolar, las representaciones dramáticas y comunicaciones populares, los medios de difusión de masas (inclusive televisión, radio, periódicos y otros medios impresos y cada vez más, los medios electrónicos), líneas telefónicas de emergencia, comunicaciones interpersonales y asesoramiento interpersonal. Utilizando varios de esos formatos, un único programa puede llegar a diferentes segmentos de la población de jóvenes y reforzar los mensajes.

Las comunicaciones para el cambio de los comportamientos pueden generar demanda de servicios de salud reproductiva, velar por que las comunidades acepten esos servicios, apoyar a los jóvenes que los utilizan, dar a conocer la ubicación de los servicios y lo que ofrecen, y asegurar a los jóvenes que son bienvenidos. Esas actividades deben ser sensibles a las diferentes necesidades de diversas poblaciones de jóvenes, particularmente a las diferencias entre los jóvenes varones y las jóvenes mujeres en cuanto a conocimientos, aptitudes, poder y grado de acceso.

En Zambia, la prevalencia del VIH entre los adolescentes de 15 a 19 años de edad disminuyó desde el 28% en 1993 hasta el 15% en 1998. Este cambio se atribuye a que los jóvenes tienen menos cantidad de parejas sexuales y utilizan condones con más frecuencia, en respuesta a diversas actividades de promoción del cambio en los comportamientos. Apoyar a los jóvenes para que se abstengan de las relaciones sexuales y asegurar que quienes optan por entablarlas también tengan acceso al suministro de condones, son dos factores de importancia crítica para el éxito.

En el Brasil, ha aumentado el porcentaje de adolescentes que manifiestan que están utilizando condones. En 1994, sólo un 4% de ellos dijeron que habían utilizado un condón en su primera relación sexual. En 1999, casi la mitad de ellos (48%) afirmaron que utilizaban condones regularmente. El aumento se ha atribuido a una mayor conciencia sobre las infecciones de transmisión sexual y el VIH/SIDA, y acerca de las dificultades que conllevan los embarazos no deseados(2).

14 CAMBIO EN LOS COMPORTAMIENTOS Y REDUCCIÓN DEL VIH EN UGANDA

En Uganda, los jóvenes han desempeñado un apreciable papel en la reducción de la prevalencia del VIH, desde su valor máximo de alrededor del 15% de los adultos en 1991, hasta el 5% en 2001. El aumento en la edad en que los jóvenes comienzan a tener actividad sexual, las reducciones en el número de parejas sin futuro y de las parejas casuales y las relaciones con trabajadoras comerciales del sexo y el mayor uso de condones, son todos factores conducentes a dicha disminución.

A partir de 1986, el elemento fundamental de la respuesta de Uganda fue el decidido apoyo político del Presidente Museveni y una respuesta multisectorial en la que han participado más de 700 organismos gubernamentales y ONG en la lucha contra el VIH/SIDA. Las acciones comunitarias promovieron el cambio en los comportamientos y la ampliación de los medios de acción de las mujeres y las niñas, impartieron educación a los jóvenes dentro y fuera de las escuelas y contrarrestaron la discriminación contra las personas que viven con el VIH.

Las comunicaciones comunitarias y cara a cara fueron la clave de la difusión de los mensajes para el cambio de los comportamientos. En 1990 se inauguró en Uganda el primer centro que ofreció servicios voluntarios de asesoramiento y detección, con apoyo ulterior mediante clubes, abiertos a todos los que habían sido objeto de detección, independientemente de los resultados.

Los jóvenes ugandeses han cambiado marcadamente su comportamiento sexual. En un distrito escolar, en 1994 más del 60% de los estudiantes de 13 a 16 años de edad manifestaron que ya habían tenido relaciones sexuales. En 2001, esa proporción fue inferior al 5%.

Uganda, que tiene considerable experiencia con programas educacionales sobre salud sexual y reproductiva, espera llegar a 10 millones de estudiantes con un nuevo programa de estudio sobre el VIH/SIDA.Fuentes

Dónde obtienen información los adolescentes

Los adolescentes manifiestan que lo que saben, o creen que saben, sobre la sexualidad y la salud reproductiva, proviene de diversas fuentes. En muchos lugares, una gran proporción de los jóvenes al parecer utilizan mayormente las fuentes menos fidedignas: sus compañeros de la misma edad, o lo que ven por televisión y otros medios de entretenimiento. Los jóvenes recurren a diferentes fuentes para obtener diversos tipos de información; por ejemplo, los medios de difusión de noticias pueden ser importantes fuentes de información acerca del VIH/SIDA.

En la mayoría de los casos, los padres y madres no son las fuentes primordiales de información, aun cuando las muchachas tal vez reciban de sus madres información sobre la menstruación y los riesgos del embarazo(3). Los jóvenes varones recurren más a maestros, a profesionales de la salud o a sus amigos.

Abundan los conceptos erróneos que pueden conducir a comportamientos riesgosos. Algunos ejemplos de conceptos erróneos: “Una muchacha no puede quedar embarazada la primera vez que tiene relaciones sexuales”; “el VIH es muy pequeño y atraviesa los poros del condón”; “con sólo mirar a una persona se sabe si tiene VIH/SIDA”(4).

En los estudios sobre conocimientos, actitudes y prácticas de los jóvenes se comprueba una combinación de ansiedad e ignorancia; por una parte, tienen excesiva confianza en que saben todo lo que hay que saber y, por otra parte, se lamentan de saber muy poco. Al salir de la pubertad y entrar en el ancho mundo, los jóvenes suelen estar muy preocupados acerca del embarazo accidental, el VIH/SIDA y otras amenazas a su salud, pero tienen suma dificultad en plantear esos temas tan delicados. Muchas veces, las jóvenes temen que formular preguntas las tipifique como promiscuas. Los jóvenes varones pueden pensar que el embarazo es “asunto de mujeres”. Los jóvenes de uno y otro sexo tienden a subestimar los riesgos de las infecciones de transmisión sexual y el VIH/SIDA, en cuanto a sí mismos y a sus parejas(5). Los jóvenes se esfuerzan por no aparecer más interesados en cuestiones sexuales que lo que realmente están.

Con frecuencia, los adultos se muestran renuentes a hablar con los adolescentes sobre cuestiones de salud sexual y reproductiva, a veces porque se sienten turbados al hablar de “cuestiones privadas”, y a veces porque piensan que al hablar se alentará la promiscuidad, o al menos la experimentación en cuestiones sexuales. Los padres, madres, educadores y profesionales de la salud tal vez carezcan de información fidedigna o capacitación para transmitir esa información a los jóvenes. Una porción relativamente pequeña de la información que tienen los jóvenes con respecto a la salud sexual y reproductiva viene de esas fuentes(6), aun cuando un estudio realizado en Alemania comprobó que un 69% de las adolescentes afirmaron que su información había sido proporcionada por sus madres. Los padres y madres son una fuente más importante de información para adolescentes de menor edad(7).

Actualmente, los jóvenes tienden a absorber de manera aleatoria conocimientos provenientes de la familia, los amigos, otros jóvenes, la escuela, la televisión, las películas y la Internet. El resultado es: una ignorancia generalizada, información parcial, mitos y creencias erróneas. La mejor solución, especialmente cuando se trata de adolescentes de más edad, es impartir educación sexual en la escuela. Los programas varían mucho en cuanto a su calidad, pero los estudios han demostrado repetidamente que una información de buena calidad comunicada en el momento correcto y a la edad apropiada, alienta el comportamiento responsable y tiende a aplazar el comienzo de las relaciones sexuales(8). Las características importantes son: que la información esté disponible y sea fidedigna y apropiada para la edad del adolescente y su nivel de desarrollo. Los jóvenes quieren y aprecian esa información y se conducirán sobre la base de ella(9).

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