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An elderly woman discusses her treatment with a health care provider. Human rights, including the right to health, are universal and indivisible across age, gender and culture. Una anciana habla de su tratamiento con una agente de salud. Los derechos humanos, incluido el derecho a la salud, son universales e indivisibles, sean cuales fueren la edad, el género y la cultura de las personas.
© Peter Bruyneel

En la Carta de las Naciones Unidas, 1945, el respeto de los derechos humanos estaba incluido entre los propósitos principales:

Los propósitos de las Naciones Unidas son…realizar la cooperación internacional en la solución de problemas internacionales de carácter económico, social, cultural o humanitario, y en el desarrollo y estímulo del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales de todos, sin hacer distinción por motivos de raza, sexo, idioma o religión. (2)

En las etapas iniciales de las Naciones Unidas se desarrolló un amplio consenso acerca de que, en respuesta a "actos de barbarie que han afrentado la conciencia de la humanidad" (3), se necesitaba una nueva declaración acerca de los derechos fundamentales de todos los seres humanos, sin distinción. Esos derechos deberían ser más categóricos: el objetivo era poner fin a la brutalidad y los sufrimientos presenciados en los decenios de 1930 y 1940.

Seguidamente, la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948) compendió el paradigma de los derechos humanos:

La Declaración Universal de Derechos Humanos destaca los derechos de todo individuo a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona (Artículo 3); a que nadie esté sometido a esclavitud ni a servidumbre (Artículo 4); a que nadie sea sometido ni a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes (Artículo 5); el derecho de todo ser humano, en todas partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica y a su igualdad ante la ley (Artículos 6 y 7); el derecho a un recurso efectivo ante los tribunales (Artículos 8 a 12); el derecho de toda persona a circular libremente (Artículo 13) y a solicitar acilo en caso de persecución, salvo cuando esté sometido a una acción judicial o delitos comunes y no políticos (Artículo 14); el derecho a una nacionalidad y a cambiar de nacionalidad (Artículo 15); el derecho a casarse y fundar una familia, con el libre ¬¬y pleno consentimiento de los futuros esposos (Artículo 16); el derecho de toda persona a la propiedad, individual y colectivamente (Artículo 17); el derecho de toda persona a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión, a cambiar de religión o de creencia, y a practicar su religión (Artículo 18); el derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas (Artículo 20) y a participar en el gobierno de su país (Artículo 21); el derecho a la seguridad social y los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables para la dignidad (Artículo 22); el derecho a trabajar por libre elección de su empleo, sin temor a la discriminación y en iguales condiciones (Artículo 23); el derecho al descanso, y a vacaciones periódicas pagadas (Artículo 24); el derecho a un nivel de vida adecuado para la salud y el bienestar (Artículo 25); el derecho a la educación, que debe ser gratuita, al menos en el nivel elemental o fundamental (Artículo 26); el derecho a participar en la vida cultural (Artículo 27) y a "un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos" (Artículo 28). (4)

La Declaración es "una norma común que deben alcanzar todos los pueblos y todos los países" (5). Tiene fuerza tanto moral como jurídica. Los Estados Miembros de las Naciones Unidas también han ratificado una amplia gama de instrumentos sobre determinados aspectos de los derechos humanos que, una vez entrados en vigor, son obligatorios con arreglo al derecho internacional. Algunas normas se aplican a todos los Estados, sean o no signatarios: entre ellas figuran la prohibición de los crímenes de lesa humanidad, del genocidio y de los crímenes de guerra. Varios instrumentos de derechos humanos han establecido normas jurídicas internacionales. Entre ellos cabe mencionar las convenciones sobre genocidio (1948), esclavitud (1956), derechos laborales (1966), derechos del niño (Convención sobre los Derechos del Niño, 1989), y eliminación de la discriminación por motivos de raza (1965) y de género (Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer [CEDAW]1979). Los Convenios de Ginebra (1949) y la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados (1951) compendian principios humanitarios aplicables en situaciones de conflicto.

Esos tratados y convenciones amplían los aspectos esenciales de los principios básicos de derechos humanos de universalidad, indivisibilidad, interdependencia, igualdad y no discriminación, Además, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (1966) e importantes documentos de consenso, como los producidos por la Conferencia Mundial de Derechos Humanos (1993), y el Plan de Acción de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (1994), así como la Plataforma de Acción de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, Beijing (1995), establecen en forma detallada claros principios de derechos humanos.

La ratificación de los instrumentos de derechos humanos por parte de un Estado soberano no necesariamente indica que le dé pleno cumplimiento; tampoco significa que todos los ciudadanos de ese Estado estén convencidos de que los principios convenidos puedan aplicarse en sus particulares ámbitos culturales. No obstante, los Estados aceptan estar obligados por los instrumentos de derechos humanos que han ratificado. Un instrumento entra en vigor una vez haya sido ratificado por el número convenido de Estados Miembros.

El debate sobre los derechos humanos
Una de las controversias de larga duración en torno a la Declaración Universal de Derechos Humanos atañe a la medida en que los derechos indicados en la Declaración son, en realidad, universales. Una línea de razonamiento postula que el marco de derechos humanos no puede presentar una posición universal, por varias razones: en primer lugar, la Declaración originaria fue ratificada por el selecto grupo de países, mayormente europeos, representados en las Naciones Unidas en 1948; a la sazón, algunos de los mismos países que proclamaron la universalidad de la Declaración aún estaban manteniendo colonias. En segundo lugar, esos países redactaron la Declaración sobre la base de sus propias premisas culturales, sus experiencias constitucionales y sus luchas políticas, por ejemplo, la que tuvo por objeto separar religión y Estado. Desde esta perspectiva, el marco de derechos humanos refleja culturas y valores "occidentales" y presta poca atención a las suposiciones y experiencias propias de otras culturas; por ejemplo, el hincapié que se hace en los derechos individuales a la propiedad refleja un concepto de propiedad que estaba lejos de ser universal antes del período colonial. Según esta perspectiva, en ese marco "se minimiza la importancia de la comunidad…[y] se trata de imponer un modelo individual de los derechos que está reñido con modalidades de vida no occidentales" (6). También con respecto a este tema, muchos países en desarrollo no han experimentado las luchas políticas "entre la Iglesia y el Estado", como ocurrió en Europa y los Estados Unidos, y en algunos casos hay considerable resistencia a colocar la religión exclusivamente en el ámbito privado (7).

Esas argumentaciones se han oído en países tanto desarrollados como en desarrollo: en 1947, incluso antes de aprobar la Declaración, la American Anthropological Association (Asociación Estadounidense de Antropología) cuestionó su universalidad:

Cómo podría la Declaración propuesta ser aplicable a todos los seres humanos y no ser una Declaración de derechos ideada sólo en términos de los valores prevalecientes en los países de Europa occidental y en los Estados Unidos? … Los estándares y los valores son relativos a las culturas de las que derivan, de modo que cualquier intento de formular postulados dimanados de las creencias y los códigos morales de una cultura, necesariamente y en esa medida menoscaba la aplicabilidad de cualquier Declaración de Derechos Humanos a toda la humanidad en su conjunto. (8)

Dadas esas preocupaciones, algunos opositores de la posición universalista exhortan a adoptar un enfoque multicultural para estructurar y adaptar el marco de derechos humanos, posiblemente con inclusión de los procesos requeridos para adjudicar derechos humanos; mientras la aplicación de la Declaración depende de mecanismos jurídicos oficiales del Estado, al igual que en los modelos europeos, algunos países del Sur destacan la eficiencia y eficacia de sus normas y procedimientos consuetudinarios, inclusive los religiosos. (Algunos juristas reconocen que este enfoque es práctico y aducen que los costos del acceso al sistema jurídico suelen ser prohibitivos para los hombres y las mujeres comunes; y que los procedimientos consuetudinarios, cuando están apropiadamente armonizados con los derechos humanos, proporcionarían un acceso más inmediato).

Otros rechazan determinadas disposiciones de derechos humanos por motivos culturales. Algunos de los más cáusticos cuestionamientos de la universalidad del marco de derechos humanos se refieren a convenciones percibidas como instrumentos que menoscaban las normas culturales y religiosas relativas a la familia y las relaciones entre hombres y mujeres. Otras reservas se basan en motivos políticos, jurídicos o constitucionales.

"Después de todo, Dónde comienzan los derechos humanos? En lugares pequeños, cerca del hogar, tan cercanos y tan pequeños que no pueden verse en ningún mapa del mundo. No obstante, son el mundo de cada persona individual, el vecindario en que vive, la escuela a la que asiste, la fábrica, granja u oficina donde trabaja. Esos son los lugares donde cada hombre, cada mujer o cada niño busca igual justicia, iguales oportunidades e igual dignidad, sin discriminación. A menos que estos derechos tengan un significado en esos lugares, tienen escaso significado en general".
—Eleanor Roosevelt

La naturaleza en evolución de los derechos humanos
Varios analistas han descrito las maneras en que ha ido progresando el marco de derechos humanos en los últimos 60 años, así como los papeles de las culturas en su promoción. Ha aumentado el número de Estados Miembros de las Naciones Unidas para incluir con carácter de Estados soberanos a casi todas las ex colonias. Desde 1948, los derechos humanos se han tornado menos individualizados. Han avanzado respecto de la protección de los individuos dentro de los Estados y ahora incluyen protecciones para los derechos colectivos de los grupos, como las poblaciones indígenas, las minorías y los países con economías incipientes. Actualmente, el marco incluye disposiciones relativas a derechos económicos, sociales y culturales. Se han elaborado los conceptos de otros derechos, como el derecho a la salud reproductiva y el derecho a estar libre de violencia por motivos de género.

En 1993, 45 años después de la aprobación de la Declaración Universal de Derechos Humanos, y 12 años después de la entrada en vigor de la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, en la Conferencia Mundial de Derechos Humanos celebrada en Viena, 171 países confirmaron que los derechos de la mujer son derechos humanos. En 1994, 179 países reunidos en El Cairo en la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD) reconocieron que la salud reproductiva es parte del derecho general a la salud. Las Naciones Unidas aprobaron en 1994 la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer, lo cual condujo a la inclusión de una sección sobre violencia por motivos de género en el consenso de El Cairo y en el de la Conferencia Mundial sobre la Mujer celebrada en Beijing en 1995. Este proceso demuestra que el marco internacional de derechos humanos tiene flexibilidad para reconocer los cambios culturales a medida que estos están ocurriendo:

Comprender la cultura como algo fijo, uniforme e invariable deja de lado los efectos de la globalización en la actualidad, las transferencias históricas de creencias y prácticas culturales en el pasado. Al considerar que las culturas son cambiantes y están interconectadas, y que los derechos han sido creados históricamente y redefinidos transnacionalmente por agentes nacionales y locales, se describe más fielmente la situación contemporánea. También se describe la imposibilidad de hacer distinciones claras y definidas entre cultura y derechos, o de considerar que el relativismo y el universalismo son posiciones diametralmente opuestas e incompatibles. (9)

A medida que el marco ha ido evolucionando, el lenguaje y las políticas de derechos humanos han abierto espacio para los cambios culturales. Las personas están utilizando el lenguaje de los derechos para sus propias reivindicaciones. Esto ocurre porque el lenguaje de los derechos es el lenguaje de la resistencia contra las privaciones y la opresión, resistencia común a todas las culturas: "Considerados desde esta perspectiva, los derechos humanos son a la vez universales y particulares: son universales porque la experiencia de resistencia a la opresión es compartida por todos los grupos subyugados en todo el mundo, pero también son particulares debido a que la resistencia se conforma en respuesta a los aspectos peculiares del pertinente contexto social"(10). Esto reafirma la importancia de comprender los derechos dentro de sus contextos; en otras palabras, la necesidad de adoptar enfoques con sensibilidad cultural al promover los derechos humanos.

    Los enfoques con sensibilidad cultural reconocen lo siguiente:

  • Las personas pertenecientes a diferentes culturas comprenden los derechos de diferentes maneras;
  • Las personas dentro de una misma cultura también pueden tener diferentes perspectivas acerca de los derechos y diferentes experiencias al respecto;
  • Las personas dentro de una misma cultura y de diferentes culturas propugnan los derechos de maneras adaptadas a sus respectivas culturas;
  • Los derechos humanos pueden ser arraigados cuando hay "legitimidad cultural";
  • Para facilitar la legitimidad cultural es preciso que haya conocimiento de la cultura e involucramiento cultural.

Cómo puede aspirarse a lograr progreso y prosperidad cuando las mujeres, que constituyen la mitad de la sociedad, experimentan desde hace mucho el descuido de sus intereses y de los derechos otorgados por nuestra religión, que las colocan en un plano de igualdad con los hombres? Esos derechos reflejan la noble misión de la mujer y le otorgan justicia por sobre la desigualdad y la violencia que puede afectarla, pese al hecho de que tiene tantos logros como el hombre, tanto en la educación como en el empleo. (11)

Acérquense a las personas. Vivan con ellas. Aprendan de ellas. �menlas. Comiencen con lo que ustedes saben. Básense en lo que las personas aman. Con los mejores líderes, cuando la labor llega a su término, cuando la tarea se ha completado, las personas dirán: "¡Esto lo hemos hecho nosotros mismos!"(12)

La cultura jamás permanece invariable. Toda presunción—explícita o implícita—de inmutabilidad puede ser desastrosamente engañosa. Por ejemplo, hablar de la cultura hindú, o llegado el caso, la cultura de la India, como si fuera bien definida e históricamente invariable, no sólo pasa por alto las grandes variaciones dentro de cada una de esas categorías, sino que también hace caso omiso de su evolución y de sus amplias variaciones a lo largo del tiempo. (13)

Promoción de la legitimidad cultural para los derechos humanos

A strong civil society is important for promoting human rights. Young women in training as health aides with help from an NGO. Para promover los derechos humanos, es importante contar con fuertes entidades de la sociedad civil. Varias jóvenes reciben capacitación como agentes de salud, con el auspicio de una ONG.
Y© UNFPA

Los enfoques con sensibilidad cultural están orientados a la acción. Pueden aportar instrumentos eficaces para comprender las relaciones recíprocas entre derechos humanos y cultura, así como para abordar la opresión dentro de las culturas. Los enfoques con sensibilidad cultural reconocen que "es más probable que las personas observen las propuestas normativas cuando piensan que están sancionadas por sus propias tradiciones culturales" y que "la observancia de las normas de derechos humanos [se basa en] la legitimidad cultural" (14). No obstante, los procesos para alentar esta legitimidad cultural requieren importantes salvaguardias:

• El propio enfoque respecto de la cultura debe estar guiado por los principios de derechos humanos que atañen a la no discriminación, la igualdad y la responsabilidad. Si se los adopta, esos principios pueden mejorar las perspectivas de que las personas sean tratadas con respeto y dignidad; Los principios de derechos humanos limitan el rígido etnocentrismo que considera a "todas las otras" culturas como inferiores y poseedoras de escasa o ninguna capacidad para contribuir al pensamiento y a los procesos de desarrollo. El peligro de imponer particulares interpretaciones de los derechos es que estas interpretaciones socavan la apropiación cultural y pueden suscitar resistencia o resentimiento: "Aun cuando quienes perciben la cultura desde el exterior tal vez simpaticen con los grupos o clases dominados y oprimidos y tengan la intención de apoyarlos, si tienen la pretensión de conocer…el punto de vista válido de la cultura de esa sociedad no lograrán brindar eficazmente ese apoyo…"i7. Esto no significa que todas las normas y prácticas culturales deban ser aceptadas y toleradas. No obstante, los enfoques con sensibilidad cultural alientan "los juicios morales interculturales y la acción intercultural" y también apuntan a "las mejores maneras de formular juicios y emprender acciones". (18)

En las relaciones interculturales, la moralidad y el conocimiento no pueden ser producto exclusivo de algunas culturas pero no de otras. (15)

•  El punto de partida práctico para fomentar los derechos y libertades necesarios para el desarrollo humano no es evitar las luchas respecto del significado de los derechos, sino reconocerlos; es decir, determinar dónde están ubicados y cuáles son las perspectivas y los papeles de los diferentes participantes. Por ende, los enfoques con sensibilidad cultural deben ubicar el diálogo dentro de esos marcos de referencia. El UNFPA ha aprendido que es importante encontrar a los protagonistas locales comprometidos en pro del cambio y colaborar con ellos, a fin de apoyar las iniciativas originadas localmente para promover los derechos humanos. La organización ha establecido relaciones de colaboración con parlamentarios, medios de difusión y organizaciones de la sociedad civil (incluidas la que se ocupan de derechos humanos y de cuestiones de la mujer), influyentes organizaciones confesionales e interconfesionales, y estructuras locales de poder, como los líderes tribales. Sin embargo, también reconoce la necesidad de prudencia. El UNFPA está muy interesado en asegurar que sus alianzas no obstruyan el cambio cultural, ni impidan la acción colectiva de los agentes menos organizados y menos poderosos. En Benin, por ejemplo, el UNFPA ha estado apoyando a instituciones islámicas comprometidas a mejorar los derechos de la mujer. En el Territorio Palestino Ocupado, ha estado colaborando con el Departamento de Asesoramiento y Reconciliación de la Familia en Tribunales Islámicos a fin de abordar las desigualdades de género, la violencia por motivos de género, la salud reproductiva y los derechos reproductivos. En Tayikistán, el UNFPA colabora con la Universidad Islámica de Tayikistán y con el Comité para Asuntos Religiosos del Gobierno, además de una ONG dedicada a promover la maternidad sin riesgo, sobre cuestiones como la salud reproductiva, los derechos reproductivos y la igualdad entre hombres y mujeres. En Jamaica, el UNFPA colabora con la Escuela Teológica Unida de las Indias Occidentales, para considerar diversos temas, entre ellos la violencia por motivos de género, y la prevención y el tratamiento del VIH. El UNFPA establece alianzas con instituciones que tienen una sustancial influencia sobre las comunidades y están en condiciones de llegar a las personas y alentar el cambio. (20)

En todo el mundo, la gente en general piensa que percibe la realidad y aborda la resolución de los problemas de manera objetiva, fidedigna y libre de prejuicios dimanados de valores o de la cultura. En verdad, la manera en que interpretamos las pruebas objetivas depende en muy gran medida de nuestro propio contexto cultural individual. (16)
En nuestro trabajo en todo el mundo, hemos encontrado que si se entablan alianzas con los miembros de tradiciones religiosas y si se los involucra, es posible que esto determine el éxito o el fracaso de un programa … (19)

•  Dado que toman seriamente en cuenta las normas y práctica locales, los enfoques con sensibilidad cultural deberían contribuir a las políticas. Esto significa aplicar políticas que apoyan los objetivos básicos, como los derechos humanos, basarse en esas políticas, y examinar las normas y prácticas que no apoyan dichos objetivos básicos, a fin de debatirlas. "La práctica relativa a los derechos humanos corre riesgo de perder pertenencia y legitimidad si no se ocupa de lo que está aconteciendo a nivel local". (21)

Por ejemplo, al abordar lo que aparece como legitimación cultural de las desigualdades de género, algunos analistas aducen que los activistas en pro de los derechos humanos de la mujer deberían abandonar enfoques que "simplemente requieren que se ponga fin a las prácticas culturales que contravienen los principios de derechos humanos". La tesis es que esos enfoques "abolicionistas" no comprenden los ámbitos reales de esas actitudes culturales y presumen que las mujeres carecen de posibilidades, de medios o de recursos para plasmar sus derechos en la realidad.

Esos enfoques parten de la posición de que sólo son viables las soluciones propuestas por conducto de reglamentaciones oficiales nacionales e internacionales sobre derechos humanos. Pero las instituciones del Estado y locales influyen realmente sobre el cambio cultural; las instituciones locales son a veces el recurso más accesible y costeable para las personas que viven en zonas rurales; y los sistemas consuetudinarios pueden reconocer reivindicaciones que no mencionan las leyes oficiales. Si bien es verdad que las instituciones culturales pueden presentar obstáculos sustanciales—particularmente cuando no se conocen las opciones, cuando los papeles de hombres y mujeres están firmemente arraigados en las familias y cuando se limita la participación de las mujeres en la adopción de decisiones—, dentro de las culturas hay variaciones.

•  Culturally sensitive approaches must not only explore and engage with local systems of meanings but also understand cultures at national and international levels and recognize the interrelationships among them. Es preciso que los enfoques con sensibilidad cultural no sólo analicen los sistemas de significados a nivel local, y se involucren en ellos, sino que también comprendan las culturas a nivel nacional e internacional, y las relaciones recíprocas entre ellas. Un conocimiento detallado de las conversaciones en curso entre agentes y organismos nacionales, locales e internacionales puede revelar tanto las vías expeditas como los obstáculos para la acción, así como los métodos y estrategias apropiados para involucrarse. El UNFPA, el UNICEF y la OMS comprobaron que esta estrategia múltiple era importante a fin de colaborar con los promotores de derechos humanos a escala internacional, nacional y local, para combatir la selección prenatal en razón del sexo en la India (véase el recuadro 4).

•  En los enfoques con sensibilidad cultural debe incorporarse la perspectiva de género. El análisis de género es importante para comprender de qué manera experimentan los derechos las diferentes categorías de hombres y mujeres, niños varones y niñas.

Un enfoque de los derechos con perspectiva de género cambia fundamentalmente las maneras en que se comprenden esos derechos. Requiere la comprensión de los derechos, no meramente como prerrogativas o atributos jurídicos, sino también como instrumento político en las estrategias para el cambio social. Al combinar los conceptos de género y de derechos, se proporciona una vía para examinar los valores, los comportamientos, las suposiciones, las políticas y las decisiones programáticas a fin de determinar de qué manera desempeñan un papel en la exclusión o la discriminación contra algunas personas y el favoritismo acerca de otras; considerando diferentes tipos de subordinación, sobre la base del género, así como de la clase, el grupo étnico, la casta, la edad y otros factores. En esencia, un análisis de los derechos dentro de una perspectiva de género nos recuerda que los derechos no se aplican a individuos neutrales, sino más bien que la aplicación y el disfrute de los derechos difieren en función del poder y la posición en la sociedad de una persona y de los papeles o funciones que se le atribuyan. (22)

Teniendo en cuenta lo señalado, los enfoques con sensibilidad cultural son importantes para fomentar un profundo apoyo a los derechos humanos y la igualdad entre hombres y mujeres dentro de los ámbitos locales y nacionales. Los enfoques con sensibilidad cultural se centran en esferas íntimas básicas donde tienen sus raíces los derechos humanos y reconocen que para sostener la vigencia de los derechos humanos, es preciso que estos estén internalizados.

El objetivo es lograr la apropiación por las comunidades del programa de derechos humanos. La meta es lograr la vigencia de los derechos humanos y la igualdad de género. La estrategia es obrar dentro de las comunidades y las culturas a fin de establecer una amplia base para los derechos humanos y la igualdad entre hombres y mujeres. Para el UNFPA, el enfoque de derechos humanos, la incorporación de las cuestiones de género en las actividades de desarrollo y los enfoques con sensibilidad cultural van de consuno a fin de maximizar la probabilidad de éxito. (23)

A fin de establecer una legitimidad cultural para los derechos humanos, es preciso que los enfoques con sensibilidad cultural incluyan a todas las sociedades y lleguen hasta las comunidades. Este proceso debería fomentar a lo largo del tiempo la apropiación de los derechos humanos. Los enfoques con sensibilidad cultural deben avanzar aun más, para llegar hasta los grupos marginados dentro de las comunidades, de manera que esos grupos tengan una voz determinante en sus propias culturas y estén en condiciones de ejercer plenamente sus derechos humanos. En muchas comunidades, los grupos más marginados y oprimidos son las mujeres y los niños. Algunas categorías—determinadas clases, o ciertos grupos étnicos, religiones o culturas—tal vez sufran formas peores de discriminación y opresión.

Contrariamente a lo que algunos podrían afirmar o temer, el involucramiento en una cultura local no la erosiona ni la deforma, sino que más bien cuestiona sus aspectos discriminatorios y opresivos. Naturalmente, esto puede provocar la resistencia de quienes tienen intereses creados en preservar el statu quo. Al involucrarse en la cultura aportando preocupaciones de derechos humanos, se cuestiona intrínsecamente, [se quita legitimidad], se desestabiliza, y se fragmenta a las jerarquías opresivas, y, a la larga, se las destruye. También se contribuye a aprovechar los elementos positivos de la cultura local a fin de promover los derechos humanos y la igualdad entre hombres y mujeres, un proceso que también entraña una reválida de la propia cultura…(24)

Los enfoques con sensibilidad cultural no pueden prometer resultados inmediatos y predecibles. El desarrollo es complejo y las cuestiones culturales figuran entre las de abordaje más espinoso. No obstante, para poder lograr algunos cambios fundamentales para el desarrollo humano, el cual requiere la plena vigencia de los derechos humanos, es indispensable, en todos los casos, un involucramiento serio y respetuoso con las culturas.


{3} INDIA: RESTAURACIÓN DEL EQUILIBRIO DE LA PROPORCIÓN ENTRE LOS SEXOS

En la India hay sustanciales presiones familiares y sociales para tener hijos varones, y una discriminación generalizada contra las niñas. E¬n algunas regiones sigue practicándose el infanticidio femenino, pero hay nuevas tecnologías para la selección prenatal en función del sexo a las que tal vez pueda atribuirse ahora la contribución más sustancial a la disminución de las proporciones de los sexos. En 1986, tras intensas campañas realizadas por activistas en pro de la salud y los derechos humanos, en el estado de Maharashtra, en la India, se aprobaron leyes que prohíben el uso de técnicas de diagnóstico prenatal con fines de selección en función del sexo. Más tarde, las campañas a nivel nacional tuvieron como resultado que se aprobara en 1994 la Ley sobre técnicas de diagnóstico prenatal (Ley de Reglamentación y Prevención del Mal Uso). La selección prenatal en función del sexo continuó, y en 2000, los activistas en cuestiones de salud acudieron a la Corte Suprema para exigir el cumplimiento obligatorio de la Ley. Mientras tanto, varios organismos de las Naciones Unidas, entre ellos el UNFPA, el UNICEF y la OMS, estaban colaborando con ONG internacionales y con el Ministerio de Salud y el Bienestar de la Familia de la India para involucrar a los medios de difusión, crear redes y proporcionar capacitación y apoyo a los grupos locales, incluidas organizaciones confesionales, comprometidos a poner fin a la selección en función del sexo. Este enfoque integral ha comenzado a cambiar las percepciones y las actitudes. Si bien la práctica no se ha erradicado por completo, hubo notables progresos. Para cambiar las prácticas nocivas es necesario mucho más que la acción jurídica y legislativa; el cambio depende de la colaboración y las acciones integradas entre una amplia gama de participantes a nivel nacional y local.

Fuente: Adaptado de:
http://www.unfpa.org/culture/case_studies/
india_study.htm.
Sitio visitado en marzo de 2008.

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