UNFPA

Back to home

CAP�TULO 7

Algunas conclusiones

imagem interna

Download chapter in pdf



cover image Un grupo de hombres de edad en Tayikistán. En muchas culturas, lo tradicional es que pequeños grupos de ancianos adopten decisiones de afectan a toda la comunidad.
© Warrick Page/Panos

El punto de partida de este informe es la validez y aplicación universales del marco internacional de derechos humanos. Comprender de qué manera las prácticas y las creencias afectan el comportamiento humano es fundamental para la formulación de eficaces programas que ayuden a las personas y los países a plasmar en la realidad los derechos humanos. En ningún aspecto es esta comprensión más importante que en lo atinente a las relaciones de poder entre hombres y mujeres y sus efectos sobre la salud reproductiva y los derechos reproductivos.

La práctica del desarrollo está firmemente ubicada en este nexo entre la cultura, las relaciones de género y los derechos humanos. Es a partir de este punto que surgen las intervenciones creativas y sostenibles. La cultura es una fuente de conocimientos, identidad y poder. Sin embargo, las culturas son dinámicas, se adaptan a las cambiantes circunstancias y ellas mismas contribuyen al cambio. El impulso hacia el cambio cultural puede provenir de las circunstancias externas, pero las transformaciones son endógenas, y se efectúan mediante procesos peculiares de cada cultura.

Si los organismos internacionales de desarrollo hacen caso omiso de la cultura—o la marginan—, esto puede acarrear un alto costo. La promoción de los derechos humanos requiere apreciar la complejidad, la fluidez y el papel protagónico de la cultura, individualizando intencionalmente a los agentes de cambio locales y entablando alianzas con ellos.

Estas alianzas son especialmente valiosas dadas las circunstancias externas en acelerada transición, incluidos el cambio climático y la globalización económica. Los enfoques con sensibilidad cultural, como medios para que tenga éxito la acción intercultural, atañen a integrar los aspectos económicos, políticos, sociales y de otra índole a fin de elaborar un panorama integral de las maneras en que las personas funcionan dentro de su ámbito social y las razones por las cuales efectúan las opciones que efectúan. Dado ese planteo, el informe demuestra la fuerza de un enfoque con sensibilidad cultural para plasmar en la práctica la igualdad entre hombres y mujeres y los derechos humanos.

Los enfoques basados en el conocimiento de la cultura proporcionan viabilidad a la formulación de políticas, y posibilitan las "políticas culturales" necesarias para la vigencia de los derechos humanos.

Este informe ilustra de qué manera las creencias culturales fuertemente enraizadas sostienen las desigualdades entre hombres y mujeres y de qué manera la violencia por motivos de género se perpetúa mediante normas sociales y culturales que en ciertos casos son reforzadas y perpetuadas por algunas mujeres. Al mismo tiempo, los adelantos en cuestiones de igualdad de género nunca se han logrado sin luchas culturales contra aspectos visibles e invisibles del poder, es decir, una "política cultural" que abarque crear alternativas para los significados culturales dominantes.

Un enfoque que interprete una cultura analizando características como su historia, sus relaciones y dinámica de poder, sus políticas y su economía, está en condiciones de no limitarse a describir cómo son las cosas y comprender por qué las cosas son como son, de qué manera podrían cambiar y qué influye sobre el cambio. Esta "política cultural" es importante para una eficaz formulación de políticas; proporciona un marco, posibilita las alianzas estratégicas, determina los espacios de intervención y asegura que las políticas armonicen con las iniciativas locales y las apoyen.

A medida que se ha ido conformando el marco de derechos humanos, el lenguaje y las políticas de derechos humanos han ido abriendo espacio para los cambios culturales. Las personas están utilizando el lenguaje de los derechos para sus propias reivindicaciones, debido a que éste es el lenguaje de la resistencia contra la privación y la opresión, que es común a todas las culturas. La acción intercultural centrada en los derechos humanos cuestiona eficazmente la opresión, le quita legitimidad y, en última instancia, la erosiona. Descubrir lo que las personas creen y piensan y lo que para ellas tiene sentido, y trabajar sobre la base de ese conocimiento, no requiere que se acepten por igual todos los valores y todas las prácticas.

El conocimiento a fondo de las culturas ofrece importantes percepciones de creencias y prácticas culturales nocivas, así como de los aspectos positivos y fortalecedores que pueden sostener las prácticas basadas en los derechos. Éste es un requisito necesario y permanente para consolidar la legitimidad cultural y promover los derechos humanos.

El conocimiento a fondo de las culturas determina la manera en que se desarrollan, y pueden ser desarrollados, los sistemas de significaciones y la oposición política, o las normas propicias.

Las cuestiones de población a nivel de la comunidad, de la familia y de la persona se trasuntan en las decisiones acerca del número de hijos que tener y cuándo tenerlos, en las decisiones acerca de la atención de la salud y los comportamientos relacionados con la salud, de las inversiones en los hijos (que a menudo dependen del género del hijo y de las posibles futuras utilidades que podrá reportar a la familia) y de la calidad de la atención a dispensar a la madre y el hijo. Todas esas decisiones se adoptan dentro de un determinado marco cultural.

Esas decisiones influyen sobre las tasas de pobreza y las políticas en cualquier país. Por ejemplo, las tasas de mortalidad derivada de la maternidad acusan la enorme discrepancia entre los ricos y los pobres, tanto dentro de una misma sociedad como entre diferentes países. Al mismo tiempo, se utilizan los indicadores de salud materna para evaluar el funcionamiento de los sistemas de salud en lo que respecta al acceso, la igualdad entre hombres y mujeres y la eficiencia institucional. Estos aspectos que se entrecruzan son importantes dimensiones que es preciso detectar y evaluar durante la formulación y la aplicación de las políticas.

La oposición a ofrecer información y servicios—por ejemplo, en materia de salud reproductiva para los adolescentes—aun cuando se pone de manifiesto en el ámbito político, tiene raíces culturales. Las remesas de los migrantes son mucho más que un fenómeno económico: demuestran de qué manera las culturas descifran y traducen las responsabilidades y obligaciones de la familia y la comunidad en cuanto a proporcionar seguridad. De manera similar, la cultura desempeña un importante papel para determinar el rechazo o la aceptación de los migrantes y las políticas que adoptan los países de destino en respuesta a la migración. La cultura también determina la dinámica de la trata de personas, que es perjudicial para las comunidades tanto de origen como de destino. El conocimiento a fondo de la cultura entraña tener conciencia de la importancia fundamental de la cultura, de las interacciones culturales y de la naturaleza, la gama y las modalidades de las alianzas necesarias para abordar tales cuestiones.

Para adquirir conocimientos a fondo sobre las culturas, el UNFPA propone una "lente cultural" como instrumento de programación.

descicrao Oficiales de policía en Haití. Es necesario intensificar las medidas para incorporar a las mujeres en profesiones tradicionalmente dominadas por los hombres, como la de agentes encargados de vigilar el cumplimiento de las leyes.
© Carina Wint

La lente cultural contribuye a determinar cuáles son los diversos factores para cuestionar y cambiar las prácticas que mantienen la desigualdad entre hombres y mujeres. La lente cultural ayuda al UNFPA a colaborar con sus asociados, y negociar con personas, grupos y comunidades, y también entablar alianzas para la vigencia de los derechos humanos mediante un eficaz diseño programático.

Las perspectivas con buena base cultural aprecian las diferentes dimensiones del poder, así como la manera en que opera el poder dentro de las culturas. Las personas pueden valorar y aceptar las normas culturales sin que se las persuada de que lo hagan, pero las culturas también son manipuladas para sostener las estructuras y las relaciones de poder. La dominación cultural manifiesta puede reconocerse más fácilmente que las dimensiones ocultas e invisibles del poder. El poder oculto impide que algunas cuestiones lleguen al temario para hablar al respecto. El poder invisible o internalizado tal vez sea la forma más irreductible.

Las personas tal vez acepten aceptar normas culturales que las perjudican, debido a que tienen percepciones negativas de sí mismas. Las diferentes formas del poder tienen diferentes implicaciones para las políticas y es preciso que los enfoques con sensibilidad cultural perciban esas diferentes formas y modalidades del poder. Al apoyar las acciones nacionales encaminadas a ampliar los medios de acción de la mujer y lograr la igualdad de género, los enfoques con sensibilidad cultural no se limitan a la dinámica visible del poder, sino que van más allá y tratan de comprender de qué manera se plasma el poder en las intersecciones o confluencias entre diversos niveles (público e íntimo) de las vidas de hombres y mujeres, y también tratan de responder adecuadamente a esas situaciones.

Esos enfoques posibilitan reconocer las maneras en que las presiones culturales en torno a cuestiones de género pueden acrecentar la vulnerabilidad masculina a las enfermedades sexuales, al multiplicar los comportamientos riesgosos. Así se reduce, a su vez, la probabilidad de que los hombres acudan en busca de ayuda; en cambio, tal vez vayan en procura de múltiples compañeras, en su ansiedad por probar que son "hombres verdaderos". Las presiones culturales en torno a la masculinidad, sumadas a la represión sexual, acrecientan la incidencia de la violación sexual y de otras formas de violencia por motivos de género. Los enfoques con sensibilidad cultural reconocen que la construcción social de los conceptos de "género", "libertad" e "igualdad" redundará en diferentes significados en distintas culturas.

Cuando las intervenciones se basan en un único modelo, y se pretende aplicarlo por igual en todas partes, esto puede causar más mal que bien. Abundan los ejemplos al respecto en situaciones de conflicto armado, cuando se describe a los hombres como agresores y tiranos, y a las mujeres como pasivas, ignorantes e impotentes para cambiar relaciones de poder perniciosas. Esas hipótesis de vulnerabilidad pueden cegar a los encargados de proporcionar asistencia para el desarrollo con respecto a la resistencia y la creatividad de las personas afectadas por conflictos armados. Tales simplificaciones excesivas pueden suscitar reacciones de oposición a la asistencia al desarrollo y hacerles el juego a quienes combaten la ampliación de los medios de acción de la mujer y la igualdad de género.

Los enfoques con sensibilidad cultural requieren diferentes marcos analíticos y operacionales, e introspección por parte de quienes realizan tareas para el desarrollo.

Los enfoques con sensibilidad cultural exigen que sean las realidades humanas, incluidas fundamentalmente las culturas, las bases de las políticas, y no el razonamiento abstracto, ni las teorías ambiciosas o las hipótesis generalizadas acerca de las preferencias y objetivos de los seres humanos. Los enfoques con sensibilidad cultural rechazan el etnocentrismo rígido. Reconocen que la salud materna y el envejecimiento, por ejemplo, pueden tener muy diferentes significados en diferentes ámbitos culturales.

Tratan de comprender esas diferencias y significados—por qué y cómo las personas (tanto mujeres como hombres) piensan y actúan de la manera en que lo hacen—, sin presumir que las personas deberían pensar y actuar "de la misma manera en que lo hacemos nosotros". Puede ser particularmente difícil abordar los aspectos etnocéntricos de las instituciones de desarrollo, debido a que la práctica de la reflexión involucra a cada persona en un enfrentamiento con su propio marco cultural. También requiere sinceros análisis de cómo las organizaciones y las personas ejercen el poder, y con qué efectos. Los enfoques con sensibilidad cultural evitan las generalizaciones superficiales acerca de las personas y sus culturas.

No dan cabida a hipótesis preconcebidas acerca de las intenciones, las prioridades y las capacidades de las personas, sino que se toman el tiempo necesario para aprender acerca de las actividades de las personas, adaptarse a ellas y basarse en ellas. Los enfoques con sensibilidad cultural reconocen que, dentro de un mismo ámbito cultural, distintas personas pueden tener diferentes valores y objetivos; procuran adquirir un sólido conocimiento local—un conocimiento profundo—y ubicar las relaciones que puedan proporcionar las bases para el diálogo y el cambio mutuo. La conciencia cultural y el compromiso con la cultura servirían muy estrechos propósitos instrumentales si su único objetivo fuera utilizar los mecanismos culturales a fin de "cambiar a los demás". Los enfoques con sensibilidad cultural proporcionan una plataforma para la reflexión crítica acerca de las culturas y la manera en que éstas influyen sobre los procesos de desarrollo.

Alientan a las organizaciones y a las personas interesadas en el desarrollo a que enfrenten y modifiquen las maneras convencionales en que piensan y trabajan. El presente informe muestra que si los profesionales del desarrollo hacen caso omiso de la cultura, esto acarreará consecuencias negativas; no debido a que la cultura lo sea todo, sino a causa de que la pobreza, la mala salud, la falta de educación y los conflictos también contribuyen a destruir y socavar la cultura. Por consiguiente, hay un fuerte vínculo entre conocimientos culturales profundos, política cultural y abordaje de las causas profundas del sufrimiento y de la privación de los derechos humanos. Los conocimientos culturales profundos son parte integrante de un enfoque multidimensional del desarrollo, y no un método distinto y superior de análisis. Los enfoques con sensibilidad cultural alientan la humildad de quienes trabajan con las comunidades para el bienestar de todos sus miembros, sin discriminación. Esos enfoques se preocupan por crear relaciones de reconocimiento, respeto y confianza, que son fundamentales para el desarrollo humano.


Previous Page {Género y salud reproductiva en situaciones de conflicto} . Next Page {Indicadores y Notas técnicas}