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Leire

Funcionaria del Gobierno Español: Estrella en Ascenso en un Nuevo Horizonte

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Sus padres estaban nerviosos. Iban, venían, se sentaban frente al televisor, se levantaban, hablaban por teléfono, se volvían a sentar. Leire sabía que algo grave estaba sucediendo pero no conseguía saber qué era. Tenía cuatro años y la democracia española, tan reciente, estaba en peligro: un oficial de policía había tomado el Parlamento, y el Ejército amenazaba con apoyar el golpe. Los padres de Leire eran maestros, socialistas, vascos. Esa noche, en su casa, nadie se fue a dormir hasta que, ya muy tarde, los rebeldes depusieron las armas.

Leire vivía con sus padres y su hermana mayor en Andoain, un pueblito cerca de San Sebastián. Desde muy chica sus padres la llevaban a mítines y manifestaciones, y Leire ni siquiera se aburría: eran paseos llenos de voces, de colores. Pero cuando tenía siete años, sus padres decidieron cambiar el cielo gris y la violencia del País Vasco por el sol y la calma del Mediterráneo.

Todavía lo recuerdo muy claro, yo veía que todos estaban nerviosos y me preocupaba…

En Benidorm, Alicante, Leire era una niña activa, entretenida –"buena estudiante pero no empollona"– que, ya antes de cumplir once años, era la delegada de su clase: la que representaba a sus compañeros frente a las autoridades. Por eso sus amigas le propusieron que se presentara a las primeras elecciones para consejera escolar. Leire pensó un lema para su campaña: "Acierta en el blanco", y diseñó un cartel con el dibujo de una diana.

Así empezó, para Leire, "esta inquietud por tener voz y por representar la voz de otros para cambiar las cosas". Pero también le gustaba salir con amigos, ir a la playa, hacer deportes. Y su vocación, pensaba, era escribir: había ganado algún concurso y estaba segura de que a eso se dedicaría cuando fuera grande. A sus quince años, Leire entró al colegio secundario y, muy poco después, a dos instituciones que la definirían: las Juventudes Socialistas y el Consejo de la Juventud de su ciudad. En el Consejo, Leire trabajaba para conseguir más actividades culturales, más espacios deportivos para los jóvenes de Benidorm y, sobre todo, más trabajo.

Por qué decidiste militar en un partido político, una actividad bastante desprestigiada entre los jóvenes?

Bueno, está la parte que he mamado en casa, mis padres siempre han sido socialistas, progresistas.

Muchas veces los hijos hacen lo contrario que sus padres…

Sí, claro, pero en mi caso no fue así. Ya desde muy jovencita siempre tuve muy claro que mi posición ideológica era la izquierda. Y eso que el contexto no ayudaba: mi generación, la primera nacida en democracia, es muy distinta de las anteriores y entonces sólo había conocido un gobierno, el socialista.

Por lo cual no sólo se había distanciado de la política sino también de ese gobierno socialista, que ya estaba bastante desgastado. Por eso tenía quizá más mérito militar en las Juventudes Socialistas. Leire participó en las movilizaciones de jóvenes que pedían el fin del servicio militar obligatorio y que, al fin, lo consiguieron. Y mientras tanto seguía haciendo, como siempre, muchas cosas: entre ellas, una revista de colegio.

Y tus amigos te burlaban por militar en un partido?

No, quizá me veían un poco raro, pero nunca he sentido un ataque de su parte. Si acaso curiosidad, cierta pena por la falta de tiempo… pero también hay amigos que te admiran por tu compromiso político.

Did your friends make fun of you for working with a political party?

No. Maybe they thought I was a little strange, but I never felt attacked. They did seem a bit curious at times, maybe a little sorry that I had so little free time… but there are also friends who admire you for your political commitment.

Cuando Leire terminó el colegio, decidió estudiar periodismo. Sólo que en la universidad de su comunidad autónoma no existía y cuando quiso anotarse en Madrid le dijeron que los estudiantes forasteros necesitaban más puntaje que los locales, y no le alcanzó: Leire todavía se indigna cuando recuerda "aquella injusticia" y se sonríe cuando dice que "bueno, ya lo solucionamos".

Así que entró a estudiar sociología en la universidad de Alicante. Allí fundó una asociación de estudiantes, Campo Jove, de la que fue primera presidenta, mientras seguía en las Juventudes Socialistas, ahora como tesorera. Leire era puro entusiasmo, sabía cómo hablar con la gente, cómo organizar y organizarse. Se pasaba, cada día, muchas horas dedicada a sus actividades políticas. Cuando tenía veintiún años la nombraron en la dirección regional del Partido Socialista Obrero Español. Que, en esos días, atravesaba su peor momento: en 1996 había sido derrotado y apartado del poder por el Partido Popular; su jefe histórico, Felipe González, había renunciado a su liderazgo.

Cómo era ser la pequeña en esa dirección?

Al principio fue un reto: todo te parece nuevo, no tienes claro que te vayan a hacer caso… para que mi voz se escuchara tenía que hacerla escuchar.

Por qué apostaron por ti?

Porque era una referente estudiantil, de las Juventudes, supongo que ese era un valor que tuvieron en cuenta.

Y para cumplir con la cuota de jóvenes y de mujeres?


Yo nunca he tenido ningún complejo respecto a las cuotas. Siempre he sido una firme defensora de ese mecanismo, sin el cual las mujeres nunca podríamos haber demostrado lo que valemos o dejamos de valer, porque los que elegían seguían siendo hombres y nosotras siempre estuvimos excluidas del ámbito del poder. Y nunca he tenido complejo sobre ser mujer cuota o dejar de serlo, porque siempre he entendido que esos mecanismos nos han ayudado.

Leire tenía veintidós años la primera vez que habló en un mitin de campaña. Se puso muy nerviosa. Se preparó un discurso, lo ensayó, estaba dispuesta a hacer todo lo necesario para que saliera bien. Y habló de los problemas que tenía Benidorm, de la importancia de la participación, de que los jóvenes fueran a votar y de un compañero que acababa de morir. Y terminó dedicándole un poema de Mario Benedetti.

"Si te quiero es porque sos/ mi amor mi cómplice y todo/ y en la calle codo a codo/ somos mucho más que dos."

Leire terminó muy emocionada, y el público también: había pasado su primera gran prueba.

Pero después de todos los problemas que tuvimos en esos años en el partido, nunca me creí que la política fuera sólo cosas bonitas. Es más, justo después de eso me marché a Irlanda: hice un cambio radical.

Aquel verano se lo pasó fregando platos en un pub de Dublín, aprendiendo inglés, rumiando su futuro.

Y ni se me ocurrió que menos de un año después podría llegar a ser diputada.

Leire había decidido hacer un máster en la universidad y estaba por firmar el contrato de su primer trabajo estable en una agencia de publicidad. Pero la noche anterior, su partido le ofreció una candidatura a diputada nacional. Aquella noche Leire no pudo dormir. La desvelaron, por supuesto, la excitación, el privilegio de esa propuesta, la perspectiva de un cambio de vida.

Pero también la idea de que serían cuatro años de su vida, quizás ocho. Y después qué?

Como nunca pensé mi vida en términos de carrera política, y siempre pensé que los políticos también tenemos que hacer otras cosas, aquella noche no conseguía imaginar cómo iba a poder rearmar mi vida después de esos ocho años.

Leire aceptó y se pasó aquel invierno recorriendo los pueblos de su región en su cochecito verde, con un par de compañeros más:

Para mí fue una experiencia intensa, inolvidable. Fue una campaña dura, la gente nos recibía con mucha frialdad. Yo recuerdo algún mitin en que la gente no es que no aplaudiera, es que no sonreía.

Leire consiguió su puesto en el Congreso en las peores elecciones de la historia del PSOE. El partido estaba en crisis. Su secretario general renunció esa misma noche ante las cámaras de televisión.

No era un momento feliz, había gran convulsión interna. Fue un momento que me hizo madurar mucho, pero muy difícil. No siempre eran debates sobre las políticas sino peleas de poder.

Te sorprendió?


Bueno, ya lo conocía. Pero sí te sorprende cómo, si uno se deja llevar, se puede alejar mucho de la ciudadanía.

Aquella noche también empezaron otros cambios en su vida. Pocos días más tarde la prensa descubrió que había una diputada socialista por Alicante que era la más joven de la historia de España y era, además, una mujer. Allí empezó la vorágine de Leire: de pronto, se había convertido en una figura nacional.

Yo sentía una gran responsabilidad generacional: la sensación de que si lo hacíamos bien le abríamos la puerta a una generación.

Y no te cabrea ver que tantos jóvenes de tu generación no participan en política?

No, porque hay muchas formas de participar. Yo no quiero juzgar a los demás: cada uno decide qué hace. Yo nunca he creído eso de que los jóvenes de hoy pasan de todo porque no militan en un partido político: es un estereotipo muy injusto. Mi generación ha demostrado muchas veces su compromiso con el país a través de una participación política, aunque no partidaria: en las manifestaciones contra la guerra o yendo a limpiar el petróleo de la costa cuando el naufragio del Prestige o yendo a votar masivamente en el 2004… Hoy hay muchas formas de participar, muy distintas de hace veinte años.

Leire dejó la casa de sus padres y se mudó a Madrid. En el Congreso tuvo que acostumbrarse a muchas cosas: a esas intervenciones que no podían durar más de tres minutos, a una catarata de términos técnicos, a las discusiones y negociaciones fuera de tablas. Y, también, a cargar con su cruz de mujer joven.

Ser mujer y ser joven me obligaba a demostrar doblemente que merecía estar donde estaba. A un joven lo juzgan más que a un adulto, y a una joven la juzgan más que a un joven. Había periódicos que hablaban de mi edad y de mi físico; alguna vez que he hecho una pregunta en la Cámara un miembro del gobierno conservador me dijo que yo no tenía edad para preguntar eso.

Leire les contestaba sin tapujos. Y después, cuando se le pasaba el enojo, se reía: esos exabruptos le resultaban una prueba evidente de la desconexión de sus adversarios con la juventud, de que los suyos iban por mejor camino.

Además, en su primer día en el Congreso había conocido a un joven diputado por León, José Luis Rodríguez Zapatero, que le dijo, con una sonrisa, que él también había sido el diputado más joven. También la invitó a sumarse a un grupo de parlamentarios que quería debatir sobre el futuro del partido: tres meses después ese grupo se hizo con el control del PSOE y Leire fue designada en la Comisión Ejecutiva del partido.

En marzo de 2004, volvió a ser candidata a diputada por Alicante y el Partido Socialista consiguió una victoria resonante. Leire lo recuerda como uno de los días más felices de su vida: "No sólo porque ganamos las elecciones, sino también porque yo había tenido el privilegio de construir ese proyecto desde abajo, desde el principio". Pocos días después Rodríguez Zapatero, el nuevo presidente de gobierno, la nombró secretaria de Estado de Cooperación Internacional. Ahora, más de cuatro años después, lo sigue siendo. En esos años el gobierno socialista duplicó el porcentaje de su presupuesto dedicado a la ayuda internacional; en 2008 Leire manejó alrededor de 5.000 millones de euros, unos 8.000 millones de dólares estadounidenses.

Cómo es tener poder?

Yo no siento que tenga poder; siento que tengo responsabilidad en la toma de decisiones. Lo digo con el corazón. Yo no me siento una mujer poderosa. Me siento una mujer con la responsabilidad de tomar decisiones y consciente de que las decisiones que tomo tienen repercusión en la gente.

Y un poquito de placer?

Sí, también. Cuando las cosas por las que peleas salen adelante: cuando ves un resultado, que algunas cosas se transforman, que tus ideas se van concretando en hechos.

Cuáles son esas ideas, muy en síntesis?

Muy en síntesis: libertad, igualdad, solidaridad, los conceptos típicos de la socialdemocracia. Para mí la política cambia el mundo, si no decides deciden por ti. El mundo en que vivimos no me acaba de convencer, sigue siendo un mundo injusto en muchos puntos, por ejemplo el del género: yo siempre he sido feminista y la igualdad entre hombres y mujeres tiene un valor fundamental.

Leire lleva la mayor parte de su vida adulta bajo examen público. Dice que por supuesto nadie la ha obligado a hacer lo que hace, y que se siente una privilegiada, aunque hay una contracara.

No tienes un horario, sabes cuándo entras pero no cuándo sales, tus vacaciones son muy difíciles de programar. Esto afecta tu vida personal, a la gente que te rodea. Y en las mujeres el problema es mayor porque tienes el tema de la maternidad, que lo hace más difícil. Yo pienso que hay que tener ratos para uno. No sólo por necesidad, sino porque para hacer bien tu trabajo tienes que seguir conectada a tu realidad.

(Cuando se hizo esta entrevista, Leire Pajín era secretaria de Estado de Cooperación Internacional. En julio de 2008 se convirtió en secretaria de Organización del Partido Socialista Obrero Español.)

FORJAR IDENTIDADES SOCIALES: BARRERAS CULTURALES Y OPORTUNIDADES PARA LA PARTICIPACIÓN DE LA JUVENTUD
Cuando los jóvenes se transforman en adultos tienen una mayor participación en la vida social, cívica y política. Conocen a otras personas fuera de sus familias inmediatas y trabajan con ellas, y al hacerlo encuentran sus propias identidades.

La Convención sobre los Derechos del Niño (1989)1 establece que "todos los niños tienen derecho a expresar sus opiniones y a que se las tenga en cuenta en todos los asuntos que los afecten". Asegurar que los jóvenes puedan ejercer sus derechos y alentar su participación contribuye al desarrollo tanto de los individuos como de las comunidades. El género y la edad, así como el ingreso, la educación y los vínculos familiares, contribuyen a decidir quién puede participar.

Los jóvenes, sobre todo las mujeres, están en particular desventaja: muchas sociedades impiden a las adolescentes y a las jóvenes tomar parte en la vida pública de su comunidad. Cuando los jóvenes se transforman en ciudadanos activos, ayudan a sus sociedades a ver qué es culturamlmente importante. Ellos extienden los límites de lo políticamente posible.2

Los jóvenes no forman parte de las redes de alianzas y rivalidades de sus mayores, o de favores debidos y prestados. Son más receptivos a los valores y las visiones del mundo emergentes.3

Dar la bienvenida a los jóvenes a la vida pública "les enseña a olvidar aquello que ya no es útil y a codiciar aquello que aún debe ganarse".4

Los jóvenes de ambos sexos se están abriendo paso en culturas políticas que tradicionalmente han valorado más la experiencia que la juventud, y a los hombres más que a las mujeres. Si bien pocos líderes jóvenes han llegado a alcanzar el nivel de poder político de Leire Pajín, ella demuestra los extraordinarios aportes que puede hacer un joven. Un número creciente de jóvenes participan en actividades cívicas, principalmente en el plano comunitario, pero cada vez más en el nivel nacional e internacional.

Los jóvenes actúan como mentores de niños más jóvenes; educan a sus pares en programas de desarrollo; amplían las secciones juveniles de los partidos políticos; se transforman en activistas, emprendedores y líderes de nuevas iniciativas. Son muy valiosos para sus comunidades y son agentes activos del cambio.

Los gobiernos, la sociedad civil y las organizaciones internacionales están descubriendo la importancia de involucrar a los jóvenes en la toma de decisiones. Hoy los gobiernos incluyen a jóvenes en las delegaciones que envían a conferencias internacionales; éstas crean espacios para foros de jóvenes; las agencias internacionales buscan su asesoramiento.

El UNFPA, por ejemplo, tiene un panel juvenil global y paneles consultivos juveniles nacionales en más de 30 países, en los que los jóvenes hacen recomendaciones sobre los programas en curso. En el nivel comunitario este reconocimiento ha sido lento, en particular en el caso de las adolescentes, pero esto está cambiando. Moldavia, por ejemplo, ha establecido consejos juveniles como foros de representación y empoderamiento de la juventud en más del 25 por ciento del total de sus localidades.

Los jóvenes de Nicaragua han creado espacios para trabajar en el seno de sus culturas y participar en los consejos locales. Las instituciones sociales deberían preparar a los jóvenes para la ciudadanía activa y ayudarlos a hacer contribuciones positivas a sus sociedades. Deberían considerar las distintas formas en que los jóvenes se comprometen con sus comunidades y los procesos por los cuales adquieren valores políticos y cívicos cuando comienzan a participar en la vida pública como adultos. Deberían educar a los jóvenes para aceptar la diversidad, y asegurarse de incluir a los jóvenes marginados, especialmente a las mujeres.

"… alguna vez que he hecho una pregunta en la Cámara, un miembro del gobierno conservador me dijo que yo no tenía edad para preguntar eso."


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