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Esta es la tercera edición del Suplemento Jóvenes del Informe sobre el Estado de la Población Mundial del UNFPA. El informe 2008 se centra en las interacciones entre cultura, género y derechos humanos, y la importancia fundamental que los enfoques con sensibilidad cultural tienen para la formulación de políticas y programas de desarrollo eficaces.

El Suplemento Jóvenes aborda la cultura en tanto ésta da forma y nutre la vida de los jóvenes y muestra cómo ellos desarrollan sus propias subculturas, que a menudo se diferencian de la cultura dominante y pueden entrar en conflicto con ella. El Suplemento señala el valor que tiene para los jóvenes la protección de la cultura en que han crecido, pero defiende su derecho a adoptarla de maneras propias. La experiencia cultural juvenil se compone de capas como la cebolla, y cada capa revela aspectos diferentes.

Cuando los jóvenes se transforman en adultos y salen de la órbita de sus padres, pueden convertirse en agentes de cambio positivo: poseen el dinamismo y la flexibilidad, pero también la perseverancia, que se requieren para lograr el cambio desde adentro. Los programas de desarrollo deberían ayudarlos a aprovechar al máximo sus oportunidades. A través de las historias de algunos de ellos, el Suplemento muestra cómo los jóvenes influyen en el cambio en sus culturas, luchando por los derechos humanos, la equidad de género y el desarrollo.

El Suplemento describe las vidas de mujeres y hombres jóvenes de siete países que promueven la sensibilidad de género en instituciones religiosas (Colombia); se oponen a prácticas tradicionales perjudiciales, como el matrimonio infantil (Etiopía); adaptan la música moderna internacional a sus sociedades y la utilizan para reclamar comportamientos saludables (Vietnam); desafían los estereotipos de género en los deportes (Mozambique); promueven la paz en lugar de la violencia política y armada (Territorio Palestino Ocupado); utilizan las tecnologías de la información y la comunicación para impulsar el desarrollo (Mongolia) y alientan la participación juvenil en el gobierno, incluso asumiendo altos cargos (España).

El Informe sobre el Estado de la Población Mundial 2008 afirma que incorporar la cultura en la elaboración de políticas y programas de desarrollo es crucial, especialmente en áreas delicadas como la salud sexual y reproductiva. El Informe señala que abordar los derechos humanos desde una perspectiva cultural ayuda a que todos los niveles de la sociedad, todas las comunidades y los grupos se apropien de los principios de derechos humanos y los hagan parte de su sistema de valores. Los derechos humanos pertenecen a todas las personas de todos los países, pero sólo se volverán universales en la práctica cuando los individuos y las comunidades encuentren modos de articularlos con sus propias culturas.

Los Objetivos de Desarrollo del Milenio y las metas de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo surgieron de la experiencia local y personal. Se habrán alcanzado plenamente cuando su base de derechos humanos esté bien integrada en el ámbito local y cuando el cambio surja de las mismas comunidades. El Suplemento Jóvenes del Informe sobre el Estado de la Población Mundial ilustra de qué manera puede funcionar ese proceso para los jóvenes de hoy.

Introducción

Sobre la cultura: El Informe sobre el Estado de la Población Mundial 2008: �mbitos de Convergencia: Cultura, Género y Derechos Humanos define "cultura" como "modelos heredados de significados compartidos e interpretaciones comunes". La cultura influye en el modo en que la gente maneja su vida y la provee de una perspectiva para interpretar su sociedad. Las culturas no son homogéneas ni estáticas. En cada cultura existen grupos de personas con conjuntos distintivos de comportamientos y creencias que los diferencian de la cultura mayor. Una subcultura puede definirse por la edad de sus miembros; por raza, etnicidad, clase o género; por creencias políticas o religiosas, o por profesión. Los individuos y los grupos de una cultura también cuestionan y cambian los valores o las prácticas culturales que causan perjuicio o infringen los derechos humanos.

La cultura es una construcción dinámica hecha por la gente: es la gente la que puede lograr el cambio que permite la articulación y la realización de los valores y prácticas comunitarios en conformidad con los derechos humanos individuales. Las culturas son dinámicas, no se detienen. Los factores globales, regionales y nacionales impactan en las economías, las sociedades y los ambientes. Las culturas reaccionan aceptando o rechazando los nuevos modos de pensar y hacer –o, si es posible, encontrando un camino intermedio– y ajustando los valores y comportamientos para poder manejarlos. La generación joven y el cambio cultural: Al atravesar la adolescencia, los jóvenes desarrollan su identidad y se transforman en individuos autónomos.

Al mismo tiempo, adquieren responsabilidades y se vuelven parte de su sociedad. Los jóvenes no comparten las experiencias y los recuerdos de sus mayores. Desarrollan sus propias formas de percibir, apreciar, clasificar y distinguir problemas, así como los códigos, símbolos y lenguaje con que expresarlos. Las respuestas de los jóvenes frente al mundo cambiante, junto con sus particulares modos de explicar y comunicar su experiencia, pueden contribuir a transformar sus culturas y preparar a sus sociedades para enfrentar los nuevos desafíos. Muchos factores influyen en el cambio cultural: las nuevas tecnologías de la información y la comunicación; los niveles de salud, educación, nutrición y empleo; el progreso económico o el estancamiento; la estabilidad política o la violencia; la mayor o menor pobreza. Los jóvenes viven el cambio cultural más intensamente que sus mayores, y su influencia es más visible en la cultura que en la economía o la política1.

Su dinamismo puede cambiar algunos de los aspectos arcaicos o perjudiciales de sus culturas que las generaciones mayores consideran inmutables. Los jóvenes son tan diversos como sus sociedades. Distintos antecedentes sociales, económicos, residenciales, maritales, étnicos y religiosos pueden darle a cada hombre y a cada mujer su propio ethos cultural. La clave del éxito para hacer posible que los jóvenes promuevan el cambio es aceptar su marco cultural y trabajar en colaboración con ellos.

Esto es particulamente importante en el caso de grupos marginados, como las niñas y adolescentes en sociedades donde perduran tradiciones perjudiciales. Los enfoques de promoción de los derechos humanos con sensibilidad cultural pueden poner fin a prácticas como el matrimonio infantil y la mutilación genital femenina. Pueden erradicar los obstáculos contra la información y los servicios adecuados para cada edad en relación con la salud sexual y reproductiva, y ayudar a poner fin a la violencia y la discriminación.

El cambiante contexto cultural: Hoy existen más de 1.500 millones de personas de entre 10 y 24 años, la generación más numerosa de la historia humana. Aproximadamente el 70 por ciento de ellas vive en países en desarrollo, el 60 por ciento solamente en Asia2. Ingresan en la edad adulta en un tiempo de transformaciones en la economía, la educación, la comunicación, la demografía, el ambiente, las tecnologías y la cultura. El sello de esta generación es la globalización, con su libre flujo de mercados, capital y productos, la mayor facilidad para viajar, las conexiones instantáneas y la rápida urbanización: más de la mitad de la población mundial vive en ciudades y pueblos. El resultado es la integración económica y cultural en una escala nunca antes vista, con un impacto tremendo en todos los aspectos de la vida. También ha modelado a esta generación de jóvenes una tendencia hacia la democracia y el ascenso de la sociedad civil, que les da una oportunidad mucho mayor de participar en la toma de decisiones local y nacional.

Es probable que los jóvenes, en especial las mujeres, sean más saludables y estén más educados que las generaciones previas; salvo por el hecho de que han sido afectados de manera desproporcionada por la pandemia de VIH/SIDA, especialmente las adolescentes y las mujeres jóvenes3. La globalización está produciendo una cultura juvenil global. En países desarrollados y países en desarrollo por igual, los paisajes urbanos presentan muchos de los mismos centros comerciales, cadenas de comida rápida, tiendas de ropa, discotecas y reality shows de televisión.

Los medios masivos de comunicación modelan los gustos y las modas juveniles. Así, por ejemplo, Music Television International (MTV), presente en la mayoría de los países del mundo, no sólo transmite música sino aspiraciones, códigos, valores, comportamientos y gustos. Los "cibercafés" o "cafés Internet" se han transformado en sitios de encuentro, en especial para los varones jóvenes. En los centros urbanos es posible encontrar teléfonos celulares por todas partes, y también, como servicio comunitario, en las aldeas y comunidades pobres. Las áreas rurales tienen menor acceso a la cultura juvenil global: si bien los celulares e Internet se están extendiendo, la información, las ideas y la cultura popular aún viajan mayormente a través de la radio y si acaso la TV.

La globalización y la cultura global han hecho a todos conscientes de las posibilidades del consumo, inclusive a aquellos menos capaces de satisfacerlo; por ejemplo, sólo el 1 por ciento de los jóvenes de Etiopía tienen acceso a Internet, comparado con el 50 por ciento en China. La sensación de exclusión y frustración que esto genera puede transformarse en crimen, violencia y disturbios. Los jóvenes sueñan con una vida que parece inalcanzable en medio de la pobreza, la guerra o la violencia política. Las interacciones entre códigos y valores tradicionales y globales: Los jóvenes están absorbiendo nuevas ideas, valores, creencias y códigos a través del mundo interconectado, los medios de comunicación y las nuevas tecnologías de la información; pero a la vez están creciendo con los valores culturales tradicionales de sus propias sociedades. Esta mezcla de culturas locales y globalizadas puede asemejarse a una colisión, con sus tensiones y desafíos.

El contacto con nueva información tiene aspectos positivos y negativos. Así, por ejemplo, al tener muy poca oportunidad de obtener información sobre salud sexual y reproductiva a través de sus familias o en la escuela, los jóvenes la consiguen en Internet, y a menudo de sus pares. Si bien esto es mejor que carecer de toda información, puede llevarlos a creer en rumores, mitos o "leyendas urbanas". Algunas personas sienten que la información no filtrada que se adquiere en Internet lleva a conflictos con los valores tradicionales. La tensión entre los valores locales y los globalizados es más clara en relación con la salud sexual y reproductiva que en muchas otras cuestiones sociales. Pero a pesar de la uniformidad impulsada por los medios de comunicación globales, existen aún amplias diferencias entre regiones y países en los modelos de matrimonio, sexualidad y reproducción4.

Los valores locales son aún hoy los que determinan las actitudes y las prácticas. Programas para una Generación del Cambio: Los programas que promueven los derechos humanos de los jóvenes necesitan una perspectiva cultural para asegurar su eficacia. Deberían alentar a los jóvenes a ¬¬considerar su conducta a la luz de sus propias culturas. Deberían ocuparse de cuestiones tales como la salud sexual y reproductiva y los derechos reproductivos de los jóvenes como parte de un diálogo continuo con las generaciones mayores y las instituciones culturales vigentes, con el claro objetivo de promover los derechos humanos y sin tolerar prácticas perjudiciales y opresivas. Los programas que trabajan con jóvenes pueden contribuir a encontrar un equilibrio entre los dos mundos culturales y a suprimir obstáculos para la salud y el bienestar de los jóvenes. Cuando se da la oportunidad, los jóvenes pueden ser muy eficaces como constructores de paz, como participantes de la sociedad civil, como portadores de nuevas ideas y mediadores entre la tradición y el cambio cultural.

 


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