Luchar por los derechos sobre la tierra
Resulta extraño y contradictorio que una persona tenga que hacer frente a la discriminación en su país natal. Waman y Ximena viven en la tierra en la que sus familias han habitado durante generaciones, desde tiempos inmemoriales, antes de que se reconocieran los derechos sobre la tierra de forma documental. Por desgracia, la discriminación es un hecho al que están acostumbrados. Este tema cobra fuerza cuando, al hacer los preparativos para el nacimiento de su segundo hijo, reflexionan sobre el tipo de vida que desean ofrecer a sus hijos.
“Se deben redoblar los esfuerzos para fomentar la participación inclusiva y transparente de todos los grupos clave de la población en las decisiones que les afectan, entre otros, de los adolescentes y los jóvenes, las personas con discapacidad, las personas mayores y los pueblos indígenas.”
De hecho, el mayor beneficio que las familias de Waman y Ximena tienen como agricultores consolidados durante generaciones que trabajan y viven de la tierra es la propiedad de sus tierras... o eso creían ellos. Una alianza público-privada —que durante los últimos años ha estado ejecutando un proyecto de construcción a gran escala— está presionando a la familia de Waman y otros miembros de la comunidad para que vendan sus tierras. Muchas familias ya las han vendido por un precio muy inferior a su valor real. Este rápido abandono a cambio de efectivo provoca la alarma de Waman que, junto con otros líderes de la comunidad, ve la adquisición de tierras como una amenaza que priva a su familia de su herencia y del fruto de su dura labor. Las acciones del grupo de presión público y privado son agresivas y sus mensajes están plagados de mentiras. Además, Waman y otros miembros de la comunidad han sido testigos de la degradación que ha sufrido el ecosistema esta temporada. La deforestación, la contaminación de las aguas y la generación de desechos han afectado al rendimiento agrícola, y, por consiguiente, se han reducido significativamente los ingresos.
“Las tasas de pobreza en México, Panamá y Paraguay son hasta 7,9 veces superiores entre los indígenas que entre los no indígenas.”
Waman está decidido a no ceder ante la presión de extraños. En el fondo, es un hombre optimista y de gran ingenio. Se ha ofrecido a liderar los esfuerzos de la comunidad para proteger sus tierras. Junto con otros miembros de la comunidad, ha creado una organización que demanda el consentimiento libre, previo e informado como condición de la adquisición de tierras. El grupo solo está empezando, pero ya ha logrado algunos avances. El único modo de que Waman y su comunidad puedan garantizar un futuro sostenible para sí mismos, sus familias y las generaciones futuras es que su participación se reconozca. Serán los hijos de Waman quienes tomen el testigo de la transmisión de sus costumbres y tradiciones y, con suerte y legítimo derecho, en la tierra en la que siempre han vivido.